
Verdad Escrita 🇮🇩🖋️ |25/02/2026|
Bolivia se queda sin margen de maniobra. Tras años de bonanza impulsada por los hidrocarburos, la realidad se impone con una inflación que despierta y una producción de gas en caída libre. Para los especialistas, la estabilidad macroeconómica ya no es una opción de política, sino una urgencia que exige transparencia cambiaria y un giro radical hacia la austeridad.
Bolivia atraviesa una «fase de estabilización inicial» tras el choque de liquidez externa, según el economista Fernando Romero. Sin embargo, el experto advierte que este respiro depende de resolver dos frentes críticos: el desabastecimiento de carburantes y la «volatilidad extrema» del dólar que aún sacude al mercado.
Indicó que la economía permanece en la cuerda floja, un cuadro clínico de recesión e inflación desbocada que se agrava por la peligrosa dependencia del financiamiento externo y el agotamiento de las reservas de oro.
Romero advirtió que la recuperación económica de Bolivia depende de un engranaje perfecto entre la política fiscal y monetaria. Su propuesta exige dos pilares, el cumplimiento riguroso del recorte del gasto bajo el DS 5516 y el fin del financiamiento monetario del BCB al Tesoro, reforzando así la señal de independencia de la institución.
Explicó que la clave para frenar la inflación en Bolivia radica en la transparencia cambiaria y el ajuste fiscal. Según el analista, el Gobierno debe mantener el tipo de cambio referencial bajo una estrategia pública clara que disipe las expectativas de devaluación, además de depurar el padrón de los bonos sociales para evitar que se conviertan en un lastre para la economía.
Para normalizar el mercado cambiario, Romero propone la implementación de un plan de choque basado en cuatro pilares: el fortalecimiento de las Reservas Internacionales Netas (RIN), incentivos agresivos a la exportación, el flujo de créditos externos y una transparencia total en la cotización del dólar.
El economista lanzó una propuesta de reforma integral que condiciona el gasto público al desempeño del PIB y pone bajo la lupa a las empresas del Estado. La estrategia busca oxigenar la caja fiscal mediante la ampliación de la base tributaria y una reestructuración drástica de las entidades públicas, que podrían enfrentar cierres o privatizaciones parciales.
Presidente del Colegio de Economistas de Santa Cruz (CESC), Alejandro Alpire, describió la urgencia de Bolivia por desplazar la dependencia del gas —hoy en caída libre— hacia una estructura impulsada por el litio y la inversión privada.
Tras perder su estatus como exportador de hidrocarburos, dijo, el país apuesta ahora por un blindaje de seguridad jurídica para atraer inversión extranjera y frenar el declive de sus pozos. En paralelo, el Gobierno busca acelerar la industrialización del litio con socios chinos y rusos, exigiendo mayor transparencia tecnológica para convertir al mineral en el nuevo motor de divisas.
“El Gobierno boliviano oficializó el giro más agresivo de su política económica en las últimas dos décadas a través del Decreto Supremo 5503. La medida, ajustada este enero, supone una ruptura con el esquema de subsidios estatales que rigió al país por 20 años. Es una señal contundente a los mercados nacionales e internacionales”, afirmó Alpire, destacando la nueva dirección del presidente Rodrigo Paz.
Para el economista, mediante un drástico ajuste en el precio de los combustibles, el Gobierno ha girado hacia un pragmatismo fiscal forzado por la escasez de divisas. Según el analista, este «sinceramiento» busca un ahorro de 10 millones de dólares diarios, aunque a costa de un choque inflacionario inminente y una presión inédita sobre la eficiencia del sector privado.
Fuente: El Diario
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